Pavel Blanco Cabrera*
La marcha del color de la tierra de los Comandantes del Ejercito Zapatista
de
Liberación Nacional y el Subcomandante insurgente Marcos por
varios estados de
la República Mexicana, ha resultado exitosa para el conjunto
de las fuerzas
opositoras a Vicente Fox y a la continuidad del modelo neoliberal,
iniciado en
1982.
El triunfo electoral del Partido de Acción Nacional generó,
con el auxilio de la
mercadotecnia, algunas expectativas de transformación en una
parte del pueblo.
El discurso Foxista (¿fascista?) del cambio apoyado en los mass
media llego a
parecer incuestionable después del dos de julio del 2000, inclusive
el festín de
sus voceros advierte de su prolongación a cuando menos 25 años.
Falso consenso
que se desmorona con la oportuna movilización de los Zapatistas,
al igual que
aquel momento estelar de la burguesía pro imperialista el primero
de enero de
1994, fecha de inicio del Tratado de Libre Comercio. Un momento importante
de la
gira Zapatista es su repudio al Plan Puebla-Panamá, concatenado
a plenitud con
el Plan Colombia y que los comunistas denunciamos desde su anuncio.
El mundo progresista no puede dejar de reconocer el aporte que aquella
acción
inicial significo para cuestionar el fin de la historia y las ideologías
y el
desconcierto post Unión Soviética, el síndrome
del Muro de Berlín. Para los
marxistas mexicanos un llamado autocrítico, pues la cuestión
indígena no formaba
teórica ni programaticamente en su acervo y sus luchas pese
a que en los años
30s del siglo pasado Vicente Lombardo y Diego Rivera enfatizaron y
aportaron de
manera creadora en su estudio y acción militante, sin olvidar
la genialidad en
Latinoamérica de Mariategui y sus aun vigentes tesis.
El proyecto del EZLN es antineoliberal pero no anticapitalista.
En sus
comunicados y declaraciones ha insistido en que no se les interprete,
que lo que
tengan que decir será por su voz y jamás por la de otros.
Techo, tierra,
trabajo, pan, salud, educación, información, cultura,
independencia, democracia,
justicia, libertad y paz, son las demandas fundamentales y coincidimos,
¿pero
ello es posible sin luchar por el poder? ; hoy la humanidad para salvarse
de la
barbarie, para ponerse de pie, para salir de la prehistoria tiene como
única
opción el socialismo, que requiere de la propuesta comunista
y de su principal
promotora, la clase obrera. Para la izquierda socialista y los comunistas
no es
tarea regatear la posibilidad dirigente en el frente antineoliberal
al EZLN,
pero si preservar nuestra independencia política y el objetivo
histórico**,
respaldar a plenitud la demanda para que se cumplan los Acuerdos de
San Andrés
Larrainzar y la desmilitarización de la zona del conflicto,
previa solución de
las siete señales demandadas. No podemos pasar por alto, lo
que en palabra,
acción o silencio afecte al conjunto del movimiento popular.
El año anterior se
presento la más importante resistencia al FMI y el BM, por primera
vez se
cancelo su actuar impune, por varios meses la bandera de la huelga
ondeo en la
UNAM, la llamada generación x, demostró que con la
lucha una privatización
puede ser derrotada, con igual efecto y mayor perspectiva la salida
a la calle
del combativo Sindicato Mexicano de Electricistas y del Frente Nacional
de
Resistencia Contra la Privatización de la Industria Eléctrica.
Sobre esas
importantes batallas del pueblo mexicano y de la feroz represión
contra el
Consejo General de Huelga, la dirección del EZLN guardó
silencio, lo mismo que
sobre la astuta diferenciación del régimen entre los
núcleos guerrilleros, los
buenos y los malos, presentando al Ejercito Popular Revolucionario
como un
grupo intransigente y fundamentalista que no negocia y lo que nos parece
delicado, la descalificación de la vía armada como una
forma de lucha,
argumentos que se usan para golpear a movimientos revolucionarios,
las FARC,
por ejemplo.
Mantenemos las diferencias y la solidaridad, caminaremos con el EZLN.
Varias
luchas están en curso y su contribución es vital para
la derrota de los
neoliberales prefascistas.